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domingo, febrero 19, 2012

La Dulzura y el Dolor


No puedo ocultar mi gozo,
he de expresarlo, sí.
¡Es mi amiga!
Su insobornable confianza,
su dulce afecto,
joya muy cara es
por la que no pueden pujar
los poderosos del mundo,
más a mí se me ha entregado.
Pero mi noche perpetua, 
donde se ha emboscado la soledad,
boquea como un pez hacia su clara luz.
¡Ay, dolor, que aun las estrellas
parecen más cercanas
que el día que mi nombre toque su corazón!
¿Será que mi puerta todavía está cerrada
y no hay nadie al otro lado?




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