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jueves, enero 12, 2012

El hombre que puede sentir el amor



Con este poema participo del cuarto Concurso de Poesía de Heptagrama.

Autor: Luis Rafael García Lorente
Nacionalidad: España



Quisiera traerte lágrimas de felicidad,
abrirte el corazón,
anunciarte esta alegría,
que, rauda, se extiende por todo mi ser,
para que unas tu boca a la mía 
en este grito que ha nacido de mi sentimiento:
¡Feliz el hombre que puede sentir el amor,
su esperanza se extiende al infinito!

La vida sin amor es un amargo peregrinar
donde el hastío y la negra melancolía destruyen la fe;
el hombre camina sin rumbo, como un sonámbulo,
sin la luz que le ofrece una mano extendida hacia él,
la mayor dicha que está esperando 
desde su primera ensoñación.
¡Feliz el hombre que puede sentir el amor,
su esperanza se extiende al infinito!

¿Cómo soportar el paso del tiempo,
atado a la imagen cambiante y triste del espejo,
que busca sólo en sí
una razón para existir,
y no encuentra más que olor a ceniza,
y el dolor de no haber venido al mundo para nada?
¡Feliz el hombre que puede sentir el amor,
su esperanza se extiende al infinito!

Si el corazón del hombre se hace duro,
si teme amar porque no cree merecer ser amado,
si alberga rencor hacia sus semejantes,
temiendo evanescentes ignominias,
si odia porque se odia,
¿cuándo podrá acallar su amargo sufrimiento?
¡Feliz el hombre que puede sentir el amor,
su esperanza se extiende al infinito!

¡Ay de ti si te falta una mirada cálida en tu cárcel de hielo!
¡Nada tienes, te falta todo!
Pero, si eres capaz de buscar el afecto de un alma hermosa,
y ella te ha abierto su ventana,
si eres dichoso sólo porque alguien te ha hecho parte suya,
no hay nadie en ningún mundo al que debas envidiar.
¡Feliz el hombre que puede sentir el amor,
su esperanza se extiende al infinito!



2 comentarios:

  1. cuanto amor en estas letras! así es , feliz el hombre que ama, se permite sentirlo y expresarlo... se extiende al infinito.
    un abrazo

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  2. Susana, se lee en el Werther de Goethe: "Es preciso obrar con los niños como obra con nosotros el Señor, que nunca nos hace más felices que cuando nos deja embriagarnos con una dulce ilusión". Los seres humanos somos como almejas encerradas en un duro caparazón doble. Desde el momento de nacer hasta nuestra muerte apenas tenemos conciencia de otra cosa que de nuestras propias necesidades. Si alguna vez nos enamoramos, es por codicia de lo que el objeto que nos enamora posee. A lo largo de la historia al hombre le han tenido que azotar, quemar, empalar, clavar en cruces de madera, etc... para que se desentienda de sus intereses y mire por los de otros. Pero una hora de soledad, no ya cien años, es tan insoportable para esta mísera criatura, que fingirá hasta la hipocresía más extrema que se interesa por los demás a cambio de que no lo abandonen. No, Susana, el hombre no sabe amar otra cosa que a sí mismo, todas las mujeres que he amado estaban en mi interior, eran la perla que guardaba conmigo dentro de mi caparazón. El amor no puede ser más que una dulce ilusión. Tiene que ser sólo una dulce ilusión porque, de lo contrario, ahora que ella me ha dejado con la frialdad e indolencia de los reptiles, ahora que mis vísceras están dolientes, llamándola silenciosamente, como si tuvieran hambre de su afecto fingido, tan grande es la decepción que me aflige, tan dolorosa la frustración que ha caído sobre mi vida, tan detestable la ingratitud y mezquindad de esa mujer, que la Luna tendría que estallar allá en lo alto esta noche y caer hecha fina arena sobre la Tierra por el duelo.

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