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jueves, diciembre 15, 2011

El Sedimento




Amada,
alguien lo llamaría costumbre,
otros, quizá obsesión,
quizá unos terceros dirían
que es mi imaginación
la que me ha hecho quererte más que a nada
y enamorarme como un loco, 
pues aunque te amo,
es un amor a distancia
de mensajes y chats.
¿No va a ser entonces amor de verdad?
¿No tienen las palabras la ternura que una mirada,
si las conduce el mismo sentimiento?
¿No dice tanto una frase precipitadamente escrita,
sin comas y con faltas de ortografía,
como un beso ansioso
si también brota con precipitación
en el límite de nuestra resistencia?

Amada,
si ahora te perdiera,
no perdería sólo palabras,
signos que ilumina un ingenio electrónico,
y que desaparecen como centellas 
cuando la máquina descansa, 
oscura su pantalla,
sino tu dulcísima presencia,
pues tus palabras
aunque idénticas a las de los demás,
sólo cuando tú las escribes,
me traen el aroma y la gracia
por los que ansioso suspiro
cuando te echo de menos.

Amada, 
el tiempo no pasa en balde
para mi corazón, 
pues va sedimentando
con el sucederse de tus palabras,
tus imágenes,
y tu voz,
una pasión de besos no dados
y de caricias anheladas.

Amada,
quisiera alcanzar tu pertinaz corazón
con palabras tan tiernas
que transporten el alma mía;
así, cuando las leas,
sabrás cuánto me ha enamorado
la dulzura de tu hablar,
y lo mucho que ésta aventaja
a la del poeta más fabuloso.



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