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jueves, diciembre 08, 2011

El hombre sin generosidad





No entiendo la mezquindad
del hombre práctico
que no ama lo que no le es útil,
ni se encapricha de lo que no es posible,
ni va tras lo que no existe,
ni cree en su corazón.

¿Qué sabrá un hombre adusto,
apegado a sus costumbres,
de ideas cómodas,
que huye de lo desconocido
y no anhela más que una explicación vulgar
para cada cosa del mundo?

El no entenderá que yo diga
que amar no enloquece
sino que da la luz a la razón,
que la carne sin alma
es solo un cadáver,
que sólo es inspiración sublime
la del instinto,
y que la verdadera fe del Hombre
es el miedo a destruir.

Él es su propio enemigo
y su mezquindad
se mira en el espejo de la muerte.

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