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domingo, noviembre 13, 2011


No me amas.
¿Crees que todavía has de convencerme de ello?

Amas a un hombre mejor.
No sé qué tengo que oponer a eso.

Pero te caigo bien,
no rehúyes mi compañía,
alguna vez te he hecho reír.
Quizá no llevo luz a tu vida,
ni necesitas mi presencia,
ni deseas mi abrazo,
ni mi beso,
pero quieres ser mi amiga.
Me preguntas si tengo bastante y
me pides una respuesta sincera.

La más pequeña cosa que me viene de ti
casi no me cabe en el alma,
que admira con inquieta reverencia la mano que me la da,
¿y no iba a ser bastante?

Pero mi pecho me habla de ti
y me dice que eres la que antes de nacer
lo hacía bailar
con la promesa de unos besos,
que harían de mi vida en la Tierra un paraíso.
¿Qué eres?
¿Por qué mi amor por ti no tiene freno
ni límites ni remedio alguno, mi dulce castigo?
¿Dónde se han visto nuestras almas antes de ser de carne y sangre?
¿En qué sagrada encrucijada nos dieron la luz de la vida
si ya te recordaba con dolor antes de conocerte?




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