Páginas

domingo, noviembre 20, 2011

La Esperanza Recuperada

A ella.
Te escribí este poema una vez
creyendo que el camino hasta ti
me mostraba al fin los últimos metros.

Luis Rafael García Lorente




Un nuevo día ha cambiado todos los días
y así, con mi esperanza recuperada,
observo el lento e incansable fluir del oleaje del tiempo
y, puesto que una de esas olas te traerá a mí,
mi imaginación ya representa
lirios llegando a mi ribera,
espumas de plata forjadas por el aire,
racimos de esmeraldas,
el viento oliendo a canela
y en lo alto brillando,
oro puro,
una promesa de dicha eterna.

Tu rostro, hermoso y pacífico
como el de una niña,
y con la nobleza de las espigas de trigo,
se ha hecho llave de mi corazón
y tu alma, vigorosa y delicada flor,
donde vibra la bondad
y luce la inteligencia,
donde habita la alegría
y se exalta la risa,
paga con un paroxismo de felicidad
unos días oscuros como la pez.

Ojalá los días miserables
de los desheredados del mundo
vieran la nueva esperanza que a mí se me da.
Su pan dejaría de saber a cinismo,
y su alma no se apagaría
bajo el signo lamentable
del sufrimiento y la humillación.
Pues yo he sentido hambre de ti
y el dolor llenaba mis horas.
Temía un oscuro destino
y encaminaba los pasos sin remedio
hacia un pozo amargo.
Pero hoy,
cuando amanezca,
todos los caminos
acabarán en ti
y tus palabras serán alimento
de mi alma desnutrida.

Ojalá la inhumana enfermedad
abandonara a los hombres
como a mí la soledad;
la vida no sería
lobo cruel de la carne
que desgarra, quiebra y devora.
Pues mi corazón se había cerrado
y, sólo atento a falsos fines,
vivía ajeno a la causa del Mundo
y, cuando tú lo abriste,
con tu mano de violetas,
¡qué honda melancolía lo inundó
al reencontrar al Amor
y no ser correspondido!
Pero hoy,
cuando amanezca,
tus hermosos ojos calmarán mis síntomas
y tus labios
con una sola palabra curarán.

Ojalá la destrucción de la vida
dejara de ser la causa
del músculo del hombre
como la de mis versos ha sido
matar mi ansiedad.
Pues mientras no te tenía
mi alma erraba
como un asesino sangriento
y a poco que tu recuerdo me torturara,
escribía un poema
para enterrar el día.
Pero ahora que ha amanecido
y veo tu rostro en todo lo que me rodea
enamorado y dichoso,
libre y con ganas de cantar,
exaltaré la vida en los poemas que escriba
y emplearé mi vigor
en firmar un armisticio
entre nuestras anhelantes bocas.


Rondo-Allegretto de la 
Sonata Waldstein
de Beethoven
(D. Barenboim)



2 comentarios:

  1. Precioso. Pero qué voy a decir, todos tus poemas son una maravilla.

    ResponderEliminar
  2. Te doy las gracias, Bea. Tus comentarios son el mejor apoyo moral que he tenido hasta ahora. No sé si creerme que los merezco como no merezco quizá que seas tan atenta conmigo si tenemos en cuenta mi carácter impaciente y mi manía de lamentarme constantemente, que tan odioso y aburrido me hace para cierta señorita ;) Un abrazo, Bea.

    ResponderEliminar