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miércoles, noviembre 30, 2011

Amistad


Tu amistad,
navegando a bordo de esa vocal 
a la que un anillo encierra,
¿cuántas alegrías no me ha traído,
cuánta compañía no me ha ofrecido,
transportada
hasta este apartado hogar
que la muerte
y su ejecutor, Belcebú,
saquearon
con tan vulgares procedimientos,
sin dejarnos más enseñanza vital
que la que extraen
quienes glorifican el dolor?

Despertaste mis sentimientos
al ofrecerme tu mano
cuando el ánimo me fallaba,
al abrirme tu corazón
en un torrente de mensajes
de afecto e interés,
al dejar que intuyera el aliento
de tu risa joven y cómplice,
al darme tu confianza y tu afecto
de mujer inteligente y creativa,
o al leer los poemas
de este poeta 
solitario y aturdido,
que aún no es ni quizá sea nunca
Ronsard, ni Alberti, ni Boscán.

Por todo esto,
te tengo en mi corazón
en el sitio de las cosas buenas,
y, sabiendo que ahora cuento contigo,
con gran jactancia
y espíritu de revancha,
llevo mis dedos extendidos
a la visera de una gorra imaginaria
y, como un militar,
saludo a la segadora
y también al verdugo inmundo,
porque aunque algún día,
me ganarán la guerra,
no han podido arrebatarme esta batalla.



2 comentarios:

  1. Yo, como que la poesia me sobresapa.Soy en el tema algo asi como muy bestiaparda.

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  2. MaRia, hablo de una amiga que me ha ayudado a salir de la soledad poco a poco después de veinte años con depresión culminados por la muerte de mi padre, que como su triste agonía se prolongó durante un año en que pude comprobar lo bestial que es la de la hoz y lo sólo que está el que está muriendo, profundizó en mí la herida emocional del aislamiento. Belcebú tiene como su misión a mi ver primordial traer la muerte a los seres humanos, aunque sea Dios el que haya puesto la ley. Y los rinocerontes no vienen al caso aquí.

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