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domingo, septiembre 11, 2011

A ti, sin esperanza



¿Es sólo una obsesión estúpida que ha brotado
en un cerebro achacoso
para tu exasperación o lástima
lo que me ha llevado a pedirte contra toda pertinencia,
atención para mis demandas?
Obsesión es lo que nace de una voluntad enferma
atraída por algo trivial;
pero no atraen a mi voluntad el dinero,
la política,
la fama o la envidia,
sino la felicidad de que fueras mía;
la esperanza de encontrar una palabra en tus labios
que me devolviera la vida;
o la añoranza del tacto de tu mano delicada,
de la música de tu voz de cristal,
de la indulgencia y ternura de tu mirada...

Porque me has asegurado
que nunca hallaré la felicidad,
quiero cantarte ahora en mi desaliento.
No importa que mi canto lo oscurezca la tristeza,
visitante habitual de mis días,
ni que mi voz tiemble por la emoción
de tan aciago dolor,
ni que mis ojos se empañen de cuando en cuando:
en el tamaño de mi angustia,
en la profundidad de mi amargura
se ve tu superioridad.

Si, depuesta la esperanza,
aún la brasa vive y quema mis entrañas,
¿no es señal de que el fuego
que de ti me viene
es una fuerza más que humana?

Si tu belleza cada vez me atormenta más
aunque sepa que nunca te entregarás a mí,
¿no muestra eso que hay en ella
algo que no es del mundo corriente?

Si tu alma me acaricia
aun después de rechazar la mía,
¿no es porque en ti se adora
a una diosa terrible?

Quisiera decir tu nombre ahora
y hablar a la carne de la que estás hecha
pero tu carne no me acoge
y si te busco todavía entre mis versos,
si mis palabras juegan contigo
reflejándose en tus ojos claros,
si mis plegarias, en lugar de a los más altos cielos,
se dirigen a ti,
diosa encarnada,
ídolo humano,
reina de la vida mía,
es porque tu halo sobrenatural
me ha hechizado
y no puedo dejar de amar.

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