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jueves, septiembre 08, 2011

La Escala

Jadeando, fatigado del camino,
se sienta un caminante a descansar.
Descubre una escalera tras fijar
sus ojos en un árbol a él vecino.

La escala sube, puesto que el divino
y rojo fruto quiere ya probar
y, al poco de comerlo, tras bajar,
subir quiere otra vez el peregrino.

Por la escala sin parar baja y sube;
aunque a manta llueve, no se cobija;
pese a que un calambre mucho le aflija,

no lo atiende más que atiende a la nube.
Y luego contó: "Tan gran placer tuve
que olvidé hasta la mochila, Nebrija."

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