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viernes, julio 22, 2011

El Naúfrago





La playa alcanza sobre tabla breve
y, hambriento en solitaria isla, toma
un gajo de una fruta de acre aroma.
Con sólo morderlo, se siente leve.

Ya engulle, cree, la pieza diez o nueve,
mas no se iría su hambre así que coma
un ciento: aquí un gran desvarío asoma
pues el primer gajo tragar aún debe.

Y entonces él cree que una desnuda
mujer le llama, hermosa sin medida,
desde un saliente de la peña cruda.

La roca en delirio escala suicida,
alucinando cae, muere sin duda,
maligna es la fruta de él mordida.

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