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viernes, julio 15, 2011

Abrazados de miedo


En las profundidades del abismo
donde Cthulhu aguarda su día de la destrucción,
o allá desde donde Yog-Sothoth contempla con torva mirada
a los míseros humanos,
entre los polvorientos libros de bibliotecas
infernales
o en los rincones más escondidos del sueño
ocultos misericordiosamente
a la conciencia del que sueña
hay horrores más siniestros
que los de Cronenberg,
ratos de pasar miedo
peores que los de Tob Hopper
caras más feas aún que la de Robert Englund.
Así me hablabas aquel día con gravedad,
junto al televisor,
cuando te abracé fingiendo horror
por la película que ponían,
y al final te echaste a reír abriendo tu boca
y echándome tu aliento perfumado.


Pero a tu corazón no llega mi insignificante voz,
tu cuerpo habita otros ángulos del extenso universo,
tu alma no teme ningún pasadizo
aun de la más oscura cripta,
tú eres el propio horror,
horror de horrores,
misterio que atraviesa cada espíritu al que eres revelado.
Yo no puedo, amada terrible,
llegar hasta ti
más que en el ardor de las plegarias
a los dioses terribles.
Sí, porque yo te he imaginado mujer
cuando eras la impertubable efigie
de la diosa aciaga que condena a la Soledad
tras mostrar su rostro luminoso
para hacerla más dolorosa.

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